EUROPA HACIA EL COLAPSO

La profecía es pronta, la invasión salvaje.
La guerra será total.


NO TENGAN MIEDO. TENGAN FE.

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El fin de los tiempos. Quiero ser luz. Quiero ser tu luz

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9 de junio de 2017

A veces pienso...

...que es todo tan absurdo, como un sueño.

A veces da la impresión de que somos "monigotes", "sims" o ratas (humanos) de laboratorio con la que una inteligencia "superior" se entretiene. Como un juego, más aún que como un experimento.

La realidad es compleja, absurda. Cada concepto, por mínimo que sea, es un misterio y hasta un absurdo.
En nuestra tarea para comprender la realidad en todas sus facetas, aspectos, podríamos empezar por preguntarnos qué es la realidad, ¿existe?
El sueño que acabo de mencionar o la inteligencia superior que acabo de mencionar, ya fueron reflexionados por Descartes. (El sueño y el "genio" maligno). Descartes rompe esta duda (metódica) con la fe en Dios. Dios no nos puede engañar. Previamente reflexiona: estoy planteándome estas cosas, luego estoy pensando, luego existo.
El filósofo materialista Gustavo Bueno reflexionaba al revés: existo, luego pienso.
Primero debo ser, existir, nacer, tener un cerebro y luego con el pienso. Pero puedo pensar...que existo.¿No?

Y vivimos en un Universo, del que no sabemos mucho, pero es un Uni-verso. ¿Puede haber más "universos"? Una red o collage de multiversos.Y en esa realidad (¿casi?) infinita, inabarcable en la periferia de una de las millones de galaxias, en un planeta maravilloso, personas insignificantes respiramos, dormimos, peleamos, nos deprimimos, preocupamos y algún día dejamos de ser (en este Universo físico).
Y en este planeta teorizamos. Yo teorizo sobre un "Matrix". Una realidad que las élites nos han inventado para que no veamos la verdad: que somos unos esclavos. Que somos sus esclavos.

¿Y si hay un Matrix por encima de este Matrix?  ¡¿Cuántas realidades se nos escapan?!
Y si al final las "élites" son también un juguete creado por una mente que juega con todos, y con las élites también.

¿Y si disfrutamos del momento? Como proponen las nuevas corrientes psicológicas "mindfulness", que en realidad se inspiran en el budismo de hace miles de años.
Cuesta tanto...Vivimos en la era "egoica", la era que surgió en el Neolítico, cuando los viejos dioses cayeron y la vida era un vivir el día y al día, porque la Naturaleza nos lo daba todo (como en el jardín del Edén), pero los peligros de la Naturaleza acechaban.
Muchas personas aún viven en esa era pre-egoica, paleolítica. Es asombroso el caso de un hombre que vivió con los lobos en España y finalmente fue "rescatado". Pero nunca olvidó aquellos años, los más felices de su vida, con la nobleza del lobo. Que mata, sí, pero para comer. Sin las maldades refinadas de los humanos que vivimos la era egoica.

Es en el Neolítco, cuando el dominio de la agricultura y la ganadería permite asentarse. Nacen las primeras civilizaciones. Nace el excedente. (Se cultivaba y se cosechaba más de lo que se necesitaba). Y con el excedente las clases sociales. Quien tenía más, era más.
El hombre se preocupa por el pasado y el futuro. La agricultura exige planificación. Y...¿dejamos de ser felices para siempre?
¡Cuanto tiempo pasamos (¡paso!) pensando en lo que ya pasó sabiendo que por mucho que piense no servirá para mucho. Y tiempo pensando en el futuro. Qué es mejor estudiar. En qué trabajar. ¿Opositar? ¿Casarse, hijos? Y...vivimos en dos realidades virtuales (pasado y futuro) y nos olvidamos del presente. De disfrutar del momento.
Y lo mismo me pregunto por la realidad que me preocupo por dónde vivir...
Pero aunque unos estemos más atrapados en estas realidades virtuales (pasado y futuro) y/o suframos más, todos lo estamos.
Romper con todo esto, irse al monte con los lobos, eso sí es ser un "antisistema". Romper con la mecánica enfermiza, en ocasiones psicópata que no nos hace felices. Pero es tan difícil. Después de años viviendo en la Civilización es muy difícil romper.
Claro que hay soluciones "intermedias" y ahí toda la nueva moda de neohippies que se van de la ciudad a cultivar un huerto.

Veremos si algún dia me libero de las realidades virtuales y vivo el presente.

Vivamos como Diógenes el cínico, ¡que vivía en un tonel!.

Algunas anécdotas sobre Diógenes hablan acerca de su comportamiento como el de un perro y sus alabanzas a las virtudes de los perros. Esto tiene su razón de ser en la palabra cínico. El nombre de cínicos tiene dos orígenes diferentes asociados a sus fundadores. El primero viene del lugar donde Antístenes, su maestro, fundó la escuela y solía enseñar la filosofía, que era el santuario y gimnasio de Cinosargo, cuyo nombre significaría kyon argos, es decir perro ágil o perro blanco. El segundo origen tiene que ver con el comportamiento de Antístenes y de Diógenes, que se asemejaba al de los perros, por lo cual la gente les apodaba con el nombre kynikos, que es la forma adjetiva de kyon, perro. Por tanto kynikos o cínicos sería similares al perro o perruno. Esta comparación viene por el modo de vida que habían elegido estos personajes, por su idea radical de libertad, su desvergüenza y sus continuos ataques a las tradiciones y los modos de vida sociales.
Quienes comenzaron a apodar a Diógenes como "el perro" tenían la clara intención de insultarle con un epíteto tradicionalmente despectivo. Pero el paradójico Diógenes halló muy apropiado el calificativo y se enorgulleció de él. Había hecho de la desvergüenza uno de sus distintivos y el emblema del perro le debió de parecer adecuado para defender su conducta. Los motivos por los que se relaciona lo cínico con lo canino son: la indiferencia en la manera de vivir, la impudicia a la hora de hablar o actuar en público, las cualidades de buen guardián para preservar los principios de su filosofía y, finalmente, la facultad de saber distinguir perfectamente los amigos de los enemigos. Diógenes decía irónicamente de sí mismo que, en todo caso, era "un perro de los que reciben elogios, pero con el que ninguno de los que lo alaban quiere salir a cazar". En mitad de un banquete, algunos invitados comenzaron a arrojarle huesos como si se tratara de un perro. Diógenes se les plantó enfrente y comenzó a orinarles encima, tal como hubiera hecho un perro. También le gritaron “perro” mientras comía en el ágora y él profirió: “¡Perros vosotros, que me rondáis mientras como!” Con idéntica dignidad respondió al mismísimo Platón, que le había lanzado el mismo improperio: “Sí, ciertamente soy un perro, pues regreso una y otra vez junto a los que me vendieron”. Diógenes sostenía innecesarios los placeres terrenales al punto de abstenerse cabalmente de ellos rechazando a la sociedad establecida hasta ese momento pero sin intentar reformarla o cambiarla.

Quería vivir como un perro. Y yo como un lobo, que es un animal aún más libre...

Como en todas las grandes religiones y sistemas de pensamiento hay que despojarse de todo, para alcanzar la mayor pelnitud existencial y la felicidad. 

Y yo conozco la teoría...pero no la práctica.

A veces pienso...y sería mejor no pensar.

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