EUROPA HACIA EL COLAPSO

La profecía es pronta, la invasión salvaje.
La guerra será total.


NO TENGAN MIEDO. TENGAN FE.

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El fin de los tiempos. Quiero ser luz. Quiero ser tu luz

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7 de julio de 2017

Hambre

"Desnutrición severa"
Fue la primera anotación en el cuaderno de viaje del doctor Gregorio Marañón cuando visitó las Hurdes (Extremadura) en 1922, acompañando al rey Alfonso XIII.

Parece mentira. No hace ni un siglo. Ahora que parece que atamos a los perros con longanizas y que nos sobra el dinero y estamos dispuestos a regalarlo a quien venga y lo pida.
Parece mentira. Pero hasta hace muchos menos, había gente que pasaba necesidades y también hambre. Difícil de creer para una sociedad que cree que las cosas caen del cielo. Una sociedad que ha llegado a cierta prosperidad y abundancia. Y que muchos piensan que siempre ha sido así.
Nuevas generaciones de vagos que ni estudian ni trabajan ni quieren. A las puertas millones dispuestos a trabajar por las sobras que el occidental tira a la basura, como compensación a su vida de hacer...nada.
Claro que muchos españoles y occidentales no trabajan porque no pueden, no les dejan, se lo han puesto difícil. Pero la peligrosa creencia de que el dinero cae del cielo forma parte del pensamiento "Alicia", el pensamiento imbécil que no sólo está presenta en la denominada "izquierda" sino en casi todo el espectro político y hasta en los recovecos más insospechados.

Hacía alusión Séneca en su libro "De la brevedad de la vida" de los ociosos de su tiempo y contaba la anécdota de un adinerado que ni se molestaba en andar. Sus esclavos le llevaban y traían y llegaba a preguntar si ya estaba sentado. Tal era su desdén y su ociosidad.

Aparcados en la acera de la vida y a pocos metros millones de invasores esperando entrar para coger las sobras. Y después algo más. Y después un sueldo (trabajen o no) y los derechos laborales que le serían legítimos y luego cogerlo todo, al aparcado en la acera de la vida, también.

No tenemos ni idea, gracias a Dios, de lo que es pasar hambre. Una angustia en el cuerpo y en el alma. Una humillación.

Mi abuelo fue picador en la mina. Y un joven aprendiz iba a trabajar con él. Pasaba tanta hambre que mi abuelo le daba parte de su bocadillo. O le daba el bocadillo entero y pasaba hambre él.No fue hace tanto.
- "Hay Pepín, muncha fame me quitaste" (Hay Pepín, mucha hambre me quitaste) le decía a mi abuelo muchos años más tarde, cuando venía de vacaciones desde Bélgica, a donde había emigrado. Primero iba a saludar a mi abuelo y luego iba a ver a su familia...

No tenemos ni idea.

Hace pocos días me contó un señor recién jubilado una anécdota que él vivió hace muchos años en una boda. Los niños estaban jugando y tirando comida, cuando salió a reprenderles un señor. 
El jubilado que me contaba la historia le dijo que no era para tanto. Que eran niños, que había comida de sobre. Y fue cuando el señor de la reprimenda se derrumbó. ¡Su hermano mellizo había muerto de pequeño de hambre! ¡De hambre! Y también, aunque hace muchos años, estamos hablando del siglo pasado. No hace tanto y la memoria es tan frágil...

En Barcelona hablé con un matrimonio anciano que se quejaba de la invasión de su barrio de inmigrantes. Por supuesto esto te lo dicen si hablas con ellos. Y como ellos, mucha gente. Pero estos no salen en la televisión. Los políticos no se acuerdan de ellos. Si llaman a la radio para quejarse se llevan una reprimenda o les cuelgan. Son "los perdedores de la globalización", que es como ahora llaman a los autóctonos que no comulgan con la globalización y no dan su voto a los partidos del sistema o se lo dan al Brexit... "Blancos iletrados" como decía un imbécil a sueldo sobre los votantes de Donald Trump.
Esta señora del matrimonio anciano me recordó que en Barcelona se pasó hambre.

¿Y a quién le importa?
Siga con la fiesta y la programación televisiva.

6:5 Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano.
6:6 Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino. (Apocalipsis de San Juan, capítulo 6)

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